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La Oportunidad
Del Precio Del Petróleo |

|27|Septiembre|2008
El precio
del petróleo ha bajado en las últimas semanas,
después de alcanzar un récord a mediados del
verano, aunque sigue estando mucho más alto
que al comienzo de la década. Con estos
precios tan elevados del petróleo y del
carbón, hay un incentivo mayor para usar menos
combustibles fósiles. Las energías
alternativas se han vuelto financieramente más
atractivas. Estos desarrollos pueden acarrear
reducciones de las emisiones de gases de
efecto invernadero y contribuir a mitigar el
cambio climático, no obstante todo puede
desaparecer si el precio del petróleo baja
considerablemente. Tenemos pues que aprovechar
la oportunidad de los altos precios del
petróleo y del carbón para afianzar los
efectos de este incentivo sobre la mitigación
del cambio climático. Esto se puede alcanzar
si se introduce una base armonizada
internacionalmente del costo al usuario de
emitir carbono por el uso del petróleo y del
carbón. Para implementarla, un grupo de países
participantes puede aplicar un impuesto
variable al carbono, impuesto que comenzaría a
cobrarse cuando y si el precio del petróleo y
del carbón baja más allá del límite
preestablecido. No se aplicaría ningún costo
adicional sobre nadie por encima de los que ya
se pagan en la actualidad. Esto guiaría a los
consumidores y a los inversores en su conducta
y en su asignación de recursos hacia
actividades que emitan menos gases de efecto
invernadero.Trataré
de ampliar esta idea. Primero se explicará
porqué las políticas para reducir las
emisiones pueden resultar en un aumento del
costo de emitirlas, y porqué es esto eficiente
y deseable desde el punto de vista económico y
medioambiental. Segundo, se discute el
reciente aumento en el precio del petróleo a
la luz de los impactos que se estiman que
puedan tener las políticas de mitigación del
cambio climático sobre el precio del petróleo.
En tercer lugar se detalla y justifica la
propuesta de una tarifa base aplicada al costo
del usuario por emitir carbono al usar
petróleo, de $90 el barril, y se concluye con
una serie de preguntas y consideraciones que
ameritan mayor discusión y reflexión.
Con políticas de
mitigación efectivas, es muy probable – y así
debería ser – que las emisiones de gas de
efecto invernadero se vean encarecidas
Una de las prioridades de
las Naciones Unidas, como lo menciona a menudo
el Secretario General Ban Ki-moon, es ayudar
al mundo a hacer frente al cambio climático de
manera eficiente y equitativa. A principios de
este año en Bali, y a fines de agosto en Accra,
las partes en la Convención Marco sobre el
Cambio Climático de la ONU (UNFCC) avanzaron
las negociaciones hacia un acuerdo fortalecido
y eficaz sobre el cambio climático. Muchos de
los detalles están siendo negociados, pero las
partes en la UNFCC reconocieron en Bali que
será necesario hacer recortes importantes en
las emisiones globales de gases de efecto
invernadero para poder estabilizar nuestro
clima.
Hay varios modos de imponer
una reducción de emisiones: en el ámbito
nacional, las políticas de obligación y
control (estándares tecnológicos, cuotas y
otras limitaciones de cantidades) son
comúnmente utilizadas para controlar la
polución. Los instrumentos basados en los
mercados, que se apoyan en permisos
intercambiables o en impuestos, son también
utilizados aunque en menor grado. Sin embargo,
en el contexto de la mitigación del cambio
climático, el debate sobre políticas se ha
centrado sobre todo en los instrumentos
basados en los mercados. En última instancia,
la política de mitigación del cambio climático
cubrirá probablemente una serie de medidas,
pero cualquier resultado eficaz tendrá que
producir menos emisiones de gases de efecto
invernadero y más caras.
También es de desear que
haya un aumento en el costo de emisión.
Actualmente las actividades que resultan en
emisiones de gases de efecto invernadero se
llevan a cabo sin tomar en consideración la
destrucción derivada de la habilidad de
nuestro planeta de absorber estos gases. A
medida que se elimina esa capacidad, la
concentración de gases de efecto invernadero
en la atmósfera aumenta y el clima de nuestro
planeta cambia. Estamos imponiendo los costos
del cambio climático a las generaciones
actuales y futuras, pero todavía nadie los
está pagando.
Desde un punto de vista
normativo, estos costos sociales por emitir
gases de efecto invernadero tienen que ser
añadidos a los costos actuales de las
actividades económicas que dan origen a esas
emisiones. Por lo tanto, hay un acuerdo amplio
en la comunidad de políticas que está
discutiendo sobre el cambio climático, que el
“carbono” y los gases que atrapan el calor
equivalentes al carbono tendrían que tener un
“precio” que los que los emiten tienen que
pagar para que la totalidad del costo social
sea tomado en cuenta cabalmente en las
diferentes actividades económicas que generan
emisiones. Cuando conducimos nuestros coches o
usamos el aire acondicionado, el precio que
pagamos por la gasolina o la electricidad
tendría que reflejar el costo de nuestras
emisiones.
Si se le pone un precio al
carbono se asegurará que la estructura de los
incentivos para las diferentes actividades
económicas reflejen el daño que estamos
haciendo al planeta cuando emitimos gases de
efecto invernadero, lo que hará que las
inversiones tengan que adoptar y desarrollar
fuentes de energía alternativas sin carbono
que sean más convenientes. Cuando cambiamos a
la energía eólica o solar, lo que pagamos por
comparación a la energía de carburantes
fósiles tiene que reflejar el hecho que estas
nuevas fuentes de energía alternativa ayudarán
a reducir el ritmo del calentamiento global.
En especial, el costo de
usar petróleo y otros combustibles fósiles –
cuyo uso es responsable de cerca del 65 por
ciento del total de las emisiones de gases de
efecto invernadero – quizá aumente si existen
políticas sólidas de mitigación del tipo que
se están discutiendo. Dado que las economías
actuales dependen en gran medida del petróleo,
el carbón y el gas natural para los
transportes y la producción de energía
(electricidad, calor), el impacto sobre un
posible aumento del costo por usar
combustibles fósiles debido a medidas tomadas
para reducir las emisiones de gases de efecto
invernadero ha sido una fuente de preocupación
política y económica.
Sin embargo, el mundo tiene
una oportunidad sin precedentes de apaciguar
esas inquietudes. El precio del petróleo y del
carbón ha aumentado drásticamente desde el año
2000. El precio promedio del barril de
petróleo en el 2000 era de unos $35, mientras
que en la primera mitad de 2008 alcanzó los
$125 (a precios actuales). Últimamente ha
descendido un poco y se ha situado alrededor
de los $100 (lo que sigue siendo, en términos
reales, dos veces y media a tres más alto que
en el 2000). Del mismo modo, el precio de la
tonelada métrica de carbón pasó de un promedio
de $34 en el 2000 a $118 en la primera mitad
de 2008 (también a precios actuales). El mundo
está pagando hoy por el petróleo y por el
carbón mucho más de lo que hubiese pagado
incluso si las políticas más ambiciosas en
materia de cambio climático hubiesen sido
adoptadas.
El aumento en el precio del
petróleo y del carbón está siendo un incentivo
para alcanzar la reducción en las emisiones
que la política relativa al cambio climático
quiere alcanzar. Las personas y las empresas
se están ajustando a la nueva realidad de los
altos precios de los combustibles reduciendo
la demanda, excepto en los casos en que los
subsidios impiden que los precios domésticos
cambien de acuerdo a los precios
internacionales. Las fuentes alternativas de
energía se están volviendo económicamente más
atractivas. Es claro que el aumento en los
precios ha sido difícil para muchos países
importadores de petróleo, pero hay que
recordar que, como se ha dicho, unas políticas
eficaces de mitigación para reducir las
emisiones con toda seguridad llevarán a un
aumento del costo por usar petróleo, situación
a la que esos países y la economía mundial se
están sólo acostumbrando.
Por lo tanto, existe en la
actualidad una oportunidad única de atacar el
cambio climático. Hasta ahora no hemos logrado
ser lo suficientemente ambiciosos, quizá por
la preocupación que causan los aumentos
potenciales en el costo del uso del petróleo y
del carbón, pero podemos invertir esta
tendencia. Podemos usar el aumento del precio
del petróleo y de otros combustibles fósiles
como una oportunidad para impulsar la política
de mitigación del cambio climático. Podemos
hacerlo de modo que fije los incentivos para
cambiar la conducta e invertir en nuevas
tecnologías sin carbono, sin por ello aumentar
el costo para nadie más allá de lo que ya
estamos pagando.
¿Cuánto tienen que
costar las emisiones de gases de efecto
invernadero? ¿Cómo se compara con el reciente
aumento en el precio del petróleo?
El “precio” óptimo estimado
del carbono (es decir, el precio que incluye
el costo social marginal asociado con el daño
que causa el cambio climático) cubre una
amplia gama. En parte refleja la incertidumbre
subyacente sobre el alcance y los plazos de
los resultados catastróficos a largo plazo que
causará el cambio climático. También depende
de las suposiciones relativas al crecimiento
económico a largo plazo, los progresos
técnicos, la medida en la que se valora más el
bienestar actual que el del futuro lejano
(preferencia de tiempo) y la incidencia
geográfica y sobre los diferentes sectores.
Una política verdaderamente
ambiciosa de mitigación del cambio climático
que se ajuste a las metas de mitigación a
largo plazo de la UE y del G8 se ha estimado
que requeriría un precio del carbono de entre
$150 y $350 por tonelada (a precios de 2008)
para el comienzo de la próxima década. Hay que
dividir por 3,7 si se habla de dióxido de
carbono en vez de carbono. La eficiencia
exigiría tener un “precio” mundial para todo
el carbono, pero el valor líquido y la
viabilidad política requerirán un enfoque
diferenciado. Este “precio” irá aumentando
lentamente con el paso del tiempo.
Un “precio” explícito del
carbono se sumaría al precio actual del
petróleo. La quema de un barril de petróleo
produce una emisión de un 0,12 de tonelada de
carbono, así que si el “precio” del carbono en
el entorno de lo que se estima para alcanzar
reducciones significativas se adoptase en los
primeros años de la década, se sumaría al
precio del carbono implícito en el precio del
crudo de ese momento.
Como se ha visto, el pecio
del crudo y del carbón se disparó desde el año
2000, aumentando más de tres veces en términos
reales. Este aumento, por lo tanto, en el
precio del petróleo hasta los $120 tiene un
efecto similar al del “precio” del carbono de
cerca de $700 por tonelada en el año 2000,
cuando el precio del petróleo estaba en $35 el
barril (siempre a precios de 2008). Si el
crudo y sus substitutos fueran la única causa
del calentamiento global, el aumento en el
precio del petróleo de los últimos años
podrían resolver la mayor parte del problema
del precio del carbono durante la próxima
década por lo menos, suponiendo que los
precios se mantengan en los niveles alcanzados
en la primera mitad de 2008.
Hay, por supuesto, otras
causas del calentamiento global como por
ejemplo el metano que emite la agricultura y
los cambios en emisiones netas debidas a la
deforestación. Un precio elevado del petróleo
y del carbón no sólo no es tan eficiente para
solucionar el problema del carbono como un
precio directo del carbono; lo que es muy
importante es que no hay garantías de que las
alternativas a los combustibles fósiles que se
buscarán no contribuyan también a las
emisiones, por ejemplo, el impacto de los
biocarburantes en las emisiones de gases de
efecto invernadero está siendo estudiado en la
actualidad. La captación del carbono y la
tecnología de almacenamiento de las plantas
energéticas alimentadas con carbón no se
sentirán alentadas sólo por el precio alto del
carbón: lo que importa en ese contexto es el
precio real del carbono mismo. Sin embargo, es
claro que el barril de crudo a más o menos
$120 con un precio equivalente del carbón y de
otros substitutos incluyendo el gas natural,
tendrían un efecto a largo plazo sobre las
emisiones de carbono en muchos sectores
equivalente a un impuesto muy alto sobre el
carbono aplicado al precio de $35 el barril de
petróleo de hace algunos años. Esto ayudaría a
llevar a la economía mundial a un camino de
crecimiento bajo en carbono mucho más
sostenible.
Cómo aprovechar el
precio del petróleo: comprometiéndose a fijar
los incentivos para mitigar las emisiones de
gases de efecto invernadero
por medio de la
adopción de una tarifa base aplicada al costo
del usuario por el uso del petróleo
El nivel actual del precio
del petróleo ofrece a la economía mundial una
oportunidad sin precedentes de atacar el
cambio climático. El precio del petróleo ha
disminuido considerablemente desde el récord
alcanzado en julio de este año, pero sigue
siendo tres veces más alto – en términos
reales – del precio en el 2000. Así que los
precios de la energía primaria siguen siendo
elevados hoy, lo que significa que podríamos
fijar un incentivo substancial del precio del
carbono sin aumentar de hecho el costo para
nadie más allá de lo que ya están pagando
(excepto en los países donde hay enormes
subsidios en la energía).
Podríamos fijar este
incentivo en el precio simplemente haciendo un
compromiso creíble y, por lo tanto, vinculante
para introducir una base armonizada
internacionalmente del costo del usuario por
el uso de carbono. Esta base puede ser apoyada
por un impuesto variable al carbono que sea
adoptado por los países participantes. Estos
impuestos se comenzarían a aplicar si y cuando
el precio del petróleo baje de los $90 el
barril por ejemplo, y se aplicarían entonces
también al carbón.
¿Porqué $90 el barril? Un
precio de $90 ya representa un aumento en el
costo de alrededor de $450 por tonelada de
carbono comparado con el año 2000, que es un
“precio” implícito del carbono más alto que el
estimado por muchos modelos ambiciosos de
mitigación. El precio del petróleo a $90 en el
cual comenzarían a aplicarse las medidas
refleja una evaluación personal de viabilidad
política.
Inicialmente no
participarían todos los países, y poner una
tarifa base para el costo del carbono a un
nivel alto reduciría el ritmo en el que
tendría que ser aumentado más tarde. Nótese
que no se necesitará un impuesto a menos que
el precio del crudo caiga por debajo de los
$90. El impuesto será variable de modo de
poner una tarifa base al costo del usuario
“como si” el costo del petróleo se mantuviese
siempre en $90 el barril. El impuesto al
carbono iría aumentando entonces lentamente
con el paso del tiempo independientemente del
precio del petróleo. El promedio de ese
aumento sería actualizado cada cinco años en
una pequeña cantidad, según la nueva
información sobre la tecnología y otros
factores. En más o menos una década tendríamos
un impuesto “incondicional” al carbono, que es
la meta a largo plazo.
Este compromiso político
permitiría igualmente una disminución a corto
plazo del costo del petróleo y una ayuda para
los consumidores y las industrias, pero
“fijaría” un costo del carbono que alentaría
la reducción en su uso y alentaría aún más las
nuevas tecnologías “limpias” como la solar, la
eólica y los biocarburantes verdaderamente
respetuosos del medio ambiente derivados, por
ejemplo de las lignocelulosas, así como la
captación del carbono y las tecnologías de
almacenamiento. Independientemente de lo que
pase con el precio del petróleo, una tarifa de
base que aumente constantemente, o más
correctamente un costo al usuario sobre el que
los inversores puedan basarse y que los
consumidores sepan que es permanente, sería un
instrumento poderosísimo para ayudar a guiar
la economía mundial por un camino de
crecimiento sostenible.
Un tópico particularmente
importante e interesante para estudios futuros
está relacionado con las consecuencias
internacionales de la distribución del tipo de
política que se propone aquí. Es necesario
notar que el hecho de que no todos los países
participen inmediatamente no plantea un
problema político o comercial importante, ya
que el impuesto variable inicial sobre el
carbono sería muy reducido. Aumentaría con el
tiempo, pero con el tiempo una participación
más amplia sería políticamente más viable. Un
punto muy importante es que no daría paso al
tipo de flujo económico substancial del sector
privado hacia los países en desarrollo que se
han esperado en el contexto de los programas
internacionales de intercambio. Pero hay que
comprender que unos precios muy elevados de
los combustibles fósiles, de persistir, se
convertirán en tarifas que harán que las
cuotas no tengan valor y que, por lo tanto,
menoscabarán el potencial de esos flujos de
recursos: el “impuesto” no será un problema si
los precios de la energía son muy altos. Con
el paso del tiempo, lo recabado del impuesto
creciente sobre el carbono puede ser usado en
el desarrollo.
Habría que poner a punto
muchos detalles, por supuesto; cómo sería
posible extender esta tarifa base aplicada al
costo del usuario a otras fuentes de carbono;
qué pueden hacer los países con las posibles
ganancias; cuántos países podrían participar y
cuándo; cómo tratar las diferencias existentes
con los impuestos a la gasolina; cómo
funcionaría mejor el sistema junto con otros
programas sectoriales de intercambio. Habría
que afinar los números.
Los precios elevados de la
energía primaria de hoy son una oportunidad
sin precedentes para introducir la señal de
incentivos a los precios durables, lo que
revolucionaría la naturaleza de nuestro
crecimiento y se haría sin pagar los costos
políticos prohibitivos a corto plazo, internos
e internacionales, que impedían estas medidas
en el pasado. Es una oportunidad que no
podemos dejar pasar.
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Crecimiento, desigualdad y
desarrollo mundial: ¿Quién queda rezagado? |
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Autor :
Kemal Dervis
Sabado|11|Octubre|2007
El crecimiento
mundial y la distribución de ingresos entre
países:
Los países en
desarrollo impulsan una rápida expansión mundial
de los ingresos y comparten sus beneficios.
En los últimos años
la economía mundial ha tenido un desempeño
especialmente firme. El ingreso per cápita
mundial está creciendo más rápidamente que
nunca. Si se tienen en cuenta las proyecciones
para 2007 recientemente dadas a conocer, en los
últimos cinco años (2003-2007) el producto
interno bruto (PIB) mundial per cápita ha
aumentado a una tasa media anual del 2,3 %. Este
promedio se compara con el 1,2 % del período de
1990 a 2002 y con el 1,4 % del período de 1981 a
1989 . Se trata de tasas de crecimiento mundial
sostenidas sin precedentes desde la era
inmediatamente posterior a la Segunda Guerra
Mundial y parte de la década de 1960. Los países
en desarrollo desempeñan ahora un papel
importante como elementos impulsores del
crecimiento mundial. Correspondió a los países
de ingresos altos el 85 % del crecimiento
acumulativo mundial del PIB entre 1960 y 1973,
el 78 % entre 1973 y 2001, aunque sólo el 63 %
entre 2001 y 2005. Si el PIB se mide a paridades
del poder adquisitivo (PPA), los países en
desarrollo son ahora sin lugar a dudas los
principales contribuyentes al crecimiento
mundial. Otro reflejo del peso cada vez mayor de
los países en desarrollo es que, si se mide el
PIB mundial en PPA, el crecimiento mundial per
cápita fue de aproximadamente un 3 % anual desde
comienzos de este siglo . Además, puesto que las
economías en desarrollo en rápida expansión son
muy grandes, como China y la India, si
ponderamos el crecimiento del PIB per cápita por
la población, el crecimiento mundial ha sido aún
más extraordinario: alcanza valores superiores
al 4,5% anual, con el PIB medido en PPA.
La divergencia en
medio de la convergencia de algunos países en
desarrollo
Los países en
desarrollo están impulsando el crecimiento
mundial y concentrando en su conjunto una mayor
proporción del ingreso mundial. Sin embargo,
cabe preguntarse en qué medida han compartido
todos los países en desarrollo los beneficios
del crecimiento económico mundial. Un grupo de
países en desarrollo, que representa una gran
proporción de la población mundial, ha estado a
la vanguardia del crecimiento mundial. Las
economías de estos países están creciendo más
rápidamente que las de los países desarrollados.
También están comenzando a equipararse con las
naciones más ricas en cuanto al desarrollo
humano. Millones de sus ciudadanos salen de la
pobreza todos los años y la esperanza de vida,
la mortalidad infantil y la alfabetización se
están aproximando a los niveles de los del
primer mundo. Estos países tienen acceso a los
mercados mundiales de bienes, capital y
tecnología; están comerciando cada vez más entre
sí y con países ricos. La proporción del
comercio mundial que captan los países en
desarrollo, originada principalmente por los que
tienen un buen desempeño, ahora es del 37 %, en
comparación con el 29 % de 1996 . No obstante,
otro grupo de países en desarrollo, mayor en
número aunque menor en cuanto a población, está
quedando rezagado. Desde la perspectiva
económica estos países están hoy más lejos que
nunca de los países más ricos. Continúan
aumentando las desigualdades entre los países en
cuanto a su ingreso promedio, una tendencia que
se viene registrando sostenidamente desde hace
doscientos años. La relación entre el PIB per
cápita medido en PPA de los 10 países más ricos
y el de los 10 países más pobres aumentó de
aproximadamente 21 en 1960 a 34 en 1990, y
volvió a aumentar a 47 en 2001 y a 50 en 2005.
Si el PIB se expresa en tipos de cambio de
mercado, las relaciones son mucho mayores. En
algunos países también se ha registrado una
brusca caída en la esperanza de vida, en la
mayoría de los casos (si bien no en todos), como
consecuencia del VIH/SIDA.
Factores que
impulsan una mayor divergencia: Reconocimiento
del papel del cambio climático
¿Podrán las fuerzas
de la convergencia atraer finalmente a los
países en desarrollo que han quedado rezagados?
Parte de la respuesta depende de la forma en que
la comunidad mundial responda al reto del cambio
climático. Tradicionalmente el cambio climático
se considera un problema de sostenibilidad
ambiental. ¿El crecimiento que se está
registrando ahora es a expensas de las
oportunidades de generaciones futuras? Esta
preocupación es central para la definición del
desarrollo sostenible: un desarrollo hoy que no
excluya el desarrollo de las generaciones
futuras. Sin embargo, además de estas
preocupaciones intergeneracionales sobre la
distribución de ingresos, se tiene cada vez
mayor conciencia de los diferentes efectos que
tendrá el cambio climático en diferentes
regiones y países. Y se tienen pruebas
inequívocas de que los países en desarrollo son
los que sufrirán esos efectos antes y en mayor
medida, tanto a causa de factores geográficos,
como del hecho de que los ingresos bajos
dificultan enormemente la adaptación. Lo cierto
es que el cambio climático ya está afectando el
crecimiento y las perspectivas de desarrollo de
algunos países en desarrollo. Si no se aborda el
problema del cambio climático, éste imprimirá un
impulso de desigualdad al desarrollo mundial.
Muchos países que ya tienen dificultades para
recibir su parte de los beneficios del
crecimiento mundial se enfrentarán con nuevos
costos y obstáculos importantes para una mayor
prosperidad. Es muy probable que algunas
comunidades se enfrenten con un empeoramiento
del nivel de vida y de los indicadores de
desarrollo humano.
Distribución de
ingresos dentro de los países
La desigualdad está
creciendo en muchos países desarrollados y en
desarrollo
Los patrones de
desigualdad dentro de los países constituyen
otra dimensión fundamental para comprender la
forma que asume la desigualdad de ingresos.
Están emergiendo patrones de fuerte divergencia
entre ciudadanos de un mismo país. La
desigualdad de ingresos no está aumentando en
todos los países; no obstante, está creciendo en
muchos países tanto desarrollados como en
desarrollo. En particular, está creciendo en
varios países en desarrollo grandes y de
crecimiento rápido, lo que parece indicar que
muchas personas quedan rezagadas y no se
benefician de ese crecimiento rápido. Aunque los
patrones de distribución de ingresos son muy
distintos según los países, una característica
notable común tanto de los países desarrollados
como en desarrollo en que está aumentando la
desigualdad es la acumulación de riqueza en los
niveles más altos de la distribución de
ingresos, el 1% o incluso el 0,1%. Aún no se ha
podido establecer si el extraordinario
crecimiento de la proporción de la riqueza que
se concentra en los niveles más altos es una
característica de unos pocos países o si se
trata de una tendencia más general. Los factores
que impulsan la distribución de ingresos son
complejos y difieren significativamente entre
países. Sin embargo, la importancia creciente
del ingreso (en algunos casos principalmente de
los salarios) en los niveles más altos es
coherente con los fenómenos de las
“superestrellas” y el “ganador se lleva todo”,
que se manifiestan en remuneraciones cada vez
mayores de ejecutivos, estrellas del cine y el
deporte, y financieros.
La desigualdad
dentro de un país afecta el crecimiento…
¿Es importante la
desigualdad? Hay algunos inicios de que lo es,
pues los indicadores de bienestar y satisfacción
de vida presentados por los propios interesados
guardan una correlación inversa con el
crecimiento de la desigualdad. A su vez, este
malestar respecto de la evolución de la
distribución de ingresos guarda una correlación
con la profundización de la integración y la
apertura de los mercados que impulsa el
crecimiento mundial. Si bien correlación no
significa causalidad, decididamente afecta la
percepción. En consecuencia, es posible que los
procesos de integración y apertura de los
mercados, que han sido decisivos para acelerar
el crecimiento mundial, sigan recibiendo apoyo
político y popular, tanto en países
desarrollados como en desarrollo. ¿Qué efecto
tiene la desigualdad sobre el crecimiento y el
desempeño económico? En principio, cierto nivel
de desigualdad podría beneficiar el crecimiento,
por medio tanto de incentivos que premien el
talento y el trabajo arduo, como de la
acumulación de ingresos que estimulen las
inversiones. Por otro lado, es posible que un
nivel elevado de desigualdad aleje a las
personas de la actividad económica productiva si
está vinculada con la discriminación o la
perpetuación de privilegios. Por lo tanto, se
trata de una cuestión empírica. Las pruebas
parecen indicar dos cosas. En primer lugar, que
niveles muy elevados de desigualdad son
perjudiciales para el crecimiento, pues
desalientan el establecimiento de instituciones
políticas y económicas propicias para el
crecimiento y las inversiones, y agravan la
alienación, lo cual incrementa las amenazas a la
estabilidad política y social. En segundo lugar,
la experiencia indica que la interacción de la
desigualdad con mercados subdesarrollados e
instituciones débiles, característicos de muchos
países en desarrollo, también puede obstaculizar
el crecimiento .
…y afecta el
desarrollo
La desigualdad
creciente, y el consiguiente freno del
crecimiento, causa una reducción de la
elasticidad de la pobreza en función del
crecimiento, es decir, la velocidad con que el
crecimiento se traduce en reducción de la
pobreza. En general, los países con mayores
niveles de desigualdad deben crecer más
rápidamente o tardan mucho más para alcanzar el
mismo nivel de reducción de la pobreza que
países con niveles de desigualdad menores. Hay
pruebas de una disminución drástica del
crecimiento favorable a los pobres: desde 1990
los países de ingresos medianos bajos deben
tener un crecimiento aproximadamente tres veces
mayor para alcanzar la misma tasa de reducción
de la pobreza que se observaba antes de 1990.
Desde hace algún tiempo, el crecimiento no
inclusivo también genera menos empleo que antes.
Aunque en algunos países en desarrollo esto
obedece a mejoras en la productividad (el
incremento de la producción puede ser el
resultado de una mejor utilización del trabajo,
un aumento de lo que produce cada trabajador, o
una combinación de ambos factores), en muchos
países en desarrollo esto se refleja en menos
oportunidades de empleo decente. Esto es
especialmente preocupante en el caso del empleo
juvenil, pues las tasas de desempleo entre los
jóvenes son muy superiores a las de la población
en general, y el empleo tiene una elasticidad
aún menor.
La necesidad
imperiosa de abordar los factores que impulsan
la divergencia
La economía del
mundo está creciendo rápidamente. Si bien muchos
países en desarrollo se han beneficiado de este
aumento del ingreso mundial, otros países quedan
rezagados. El problema del cambio climático se
sumará a los factores que impulsan la
divergencia de los ingresos. Deberá formar parte
del debate, no sólo como una cuestión ambiental
o intergeneracional, sino también como una
cuestión fundamental del desarrollo. Dentro de
los países, incluso los que crecen rápidamente,
no todos se benefician del incremento de los
ingresos. Estas divergencias entre distintos
países y dentro de un mismo país pueden imponer
restricciones económicas y políticas al
crecimiento de largo plazo y a una mayor
integración de la economía mundial. Es muy
dudoso que el proceso de globalización e
integración de los mercados que, junto con las
nuevas tecnologías, ha sido la causa del
crecimiento acelerado de la economía mundial,
pueda mantenerse sin un esfuerzo concertado para
superar la divergencia y la desigualdad.
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Historia del Cine Dominicano |
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Lunes|01|Septiembre|2008
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Fuente: Dinac.- |
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Historia del Cine Dominicano
El cine aparece en República Dominicana en
agosto de 1900 en la ciudad de Puerto Plata,
siendo el teatro de Curiel de esta ciudad el
primer espacio de exhibición del
cinematógrafo de los hermanos Lumiére. La
persona a cargo de las primeras exposiciones
de esos trabajos en toda el área, fue el
industrial Francesco Grecco que realizó varios
viajes a través del Caribe mostrando esta
atractiva invención.
En la prehistoria fílmica del cine dominicano
se destacan los trabajos del fotógrafo y
editor Francisco Palau, que en 1922 al lado
del fotógrafo Tuto Báez y Juan B. Alfonseca
hace la primera película de ficción del cine
dominicano: "La leyenda de
la Virgen de
la Altagracia", con la colaboración en los
textos del historiador Bernardo Pichardo.
Palau la estreno en la noche del 16 de febrero
de 1923, y se convirtió en la primera
película dominicana.
El entusiasmo de este equipo motivo más
adelante la realización de una comedia con
tintes ingenuos con el título de "Las
emboscadas de Cupido" (1924). Esta película,
contada en cinco actos, narró la historia de
un par de enamorados que no tenían el
consentimiento del padre de la novia, y obliga
al novio a realizar una divertida trama para
que el padre pueda aceptarlo. Fue exhibida al
público el 19 de marzo de 1924.
En 1915 el camarógrafo puertorriqueño Rafael
Colorado, hizo la primera película hecha en la
República Dominicana, por un extranjero,
titulada "Excursión de José de Diego en Santo
Domingo".
El primer uso del sonido fue una película de
actualidades sobre la inauguración de
presidente Rafael Leonidas Trujillo en 1930.
Este régimen dictatorial instalado por
Trujillo desde el año 1930 impone un freno
total a las manifestaciones artísticas y
culturales, estimulando solamente aquello qué
entiende beneficioso para sus propósitos. El
cine, que además de arte es una industria,
había sido adoptado por los medios de
comunicación masivos en un instrumento
ideológico. Por esa razón, en los treinta
largos años de la tiranía se realizaron
solamente trabajos documentales del país con
la exaltación del tirano y sus parientes.
Solamente en 1953, el cineasta Rafael Augusto
Sánchez Sanlley (Pupito), produjo con la
compañía "Cine Dominicano", trece documentales
para el régimen. Y no es hasta 1963, que el
dramaturgo Franklin Domínguez lanzó su Largo
metraje "La
Silla", donde denuncia los horrores del
régimen de Trujillo. En 1967 Max Pou y Eduardo
Palmer hacen dos trabajos documentales: "El
Esfuerzo de un pueblo y ”Nuestra historia".
Otros trabajos importantes son "Viacrusis",
basado en un cuento del profesor Juan Bosch y
"Siete días con el pueblo", sobre el festival
revolucionario de cantantes. También, "Rumbo
al poder", de Jose Bujosa Mieses sobre el
proceso electoral que llevó al poder a
Antonio Guzmán Fernández y los largometrajes
documentales del cineasta René Fortunato, “El
poder del jefe”, “Abril, la trinchera del
honor”, “La herencia del tirano” y “La
violencia del poder”.
Entre los largometrajes de ficción que se han
realizado en el país se cuentan: "Un pasaje
de ida" (1988), "Nueba Yol"(1995), "Para vivir
o morir" (1996), " Cuatro hombres y un
ataúd"(1997), "Nueba Yol 3", "Perico ripiao"(2003),
"Éxito por intercambio" (2003, "Negocios son
negocios" (2004), "Andrea"(2005) “La cárcel de
La Victoria "(2004) "Los locos también
piensan" (2005) "la maldición del padre
Cardona" (2005). Para el 2006 son estrenados
los filmes “Un macho de mujer”, “Lilis”,
“Código 666: la tragedia Llenas”, “Viajeros” y
“El sistema”.
En el 2007 en cine dominicano continúa su
curso con varios proyectos cinematográficos
como “Sanky Panky”, “Yuniol”, “Enigma”, “Mi
novia está de madre”, “Trópico de sangre”,
“Crimen” y “La muñeca de Diana”, entre otros
proyectos que revitalizarán la industria.
Hacia una plataforma industrial
Desde el 2003, la República Dominicana se
encuentra en un verdadero “boom” de
producciones locales. El promedio de los
últimos dos años ha sido de cinco películas
anuales, y gracias al perfeccionamiento del
nivel técnico local, este número se irá
incrementando con los años.
A esto se le une las producciones extranjeras
que han seleccionado las locaciones de nuestro
país como escenarios para rodar sus historias.
Entre las más recientes se encuentran:
“The Lost City” (USA), “Papá se volvió loco”
(Argentina), “El vacilón: The Movie” (USA),
“Miracle Banana” (Japón), “Vers le sud”
(Francia), “La fiesta del chivo” (España),
“Miami Vice” (USA), “Yes”(UK), “Loverecked”(USA),
“Soko Leipzip” (Alemania) “El batey” (Italia)
“Paradise Lost” (USA) y “The Good Shepherd”
(USA).
Todo esto ha asentado una plataforma de
producción con un nivel de calidad para la
competencia internacional que República
Dominicana le puede ofrecer al momento de
decidirse a utilizar nuestros paisajes y
personal técnico.
En estos momentos, el país puede ofrecer un
soporte técnico de primera calidad en cuanto a
personal, equipos, transporte y demás
necesidades de producción y así lo han
expresado los distintos productores y
directores que han rodado parte o la totalidad
de sus películas en terreno dominicano. Esto
nos hace ser una buena opción dentro del área
del Caribe.
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Células
oculares podrían tener clave para mejor píldora
sueño |
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LONDRES (publicado por
Reuters) - La somnolencia puede ser controlada
por una serie de células nerviosas en el ojo,
sugieren pruebas en ratones, ofreciendo un nuevo
objetivo para quienes desarrollan medicamentos,
que podría conducir a mejores píldoras para
dormir, dijeron el domingo científicos
británicos. Desde hace tiempo se sabe que los
niveles de la luz afectan el estado de alerta,
por lo cual las habitaciones poco iluminadas
hacen que la gente se sienta somnolienta. Pero
el mecanismo biológico para que esto suceda no
ha sido claro.
Ahora, investigadores de la Universidad de
Oxford descubrieron que las llamadas células
ganglionares de la retina juegan un rol clave.
En ratones, en donde estas células son
desactivadas genéticamente, los efectos de la
luz sobre el sueño y el estado de alerta
desaparecen completamente.
"Hemos descubierto un nuevo camino que modula
el sueño y el despertar," contó el investigador
jefe, Russell Foster, del Laboratorio de
Oftalmología Nuffield.
"Si podemos imitar farmacológicamente el
efecto de la luz, podríamos activar y desactivar
el sueño," agregó.
Se desarrollaron muchos medicamentos para
modificar los ciclos de sueño y vigilia, creando
un mercado de píldoras para dormir de millones
de dólares al año. Pero la acción de los
actuales fármacos es relativamente rudimentaria,
y tienen efectos secundarios.
Al apuntar al mecanismo específico que
controla la acción de las células ganglionares
retinales, en el futuro sería posible
desarrollar tratamientos mucho más sofisticados.
Los investigadores pudieron rastrear las vías
del sueño hasta el cerebro, mostrando que dos
centros inductores del sueño allí eran
directamente activados por las células.
Sin embargo, la investigación todavía está en
una etapa prematura y los científicos aún deben
establecer si los mismos procesos que afectan al
ratón funcionarán en los seres humanos.
Debido a que los ratones son nocturnos, los
efectos vistos en las pruebas animales fueron
los contrarios a aquellos que se esperarían en
seres humanos.
Los ratones normalmente duermen cuando hay
luz y se despiertan en la oscuridad, pero
aquellos ratones a los que se les desactivaron
las células sensibles a la luz permanecieron
despiertos cuando las luces estaban encendidas.
Los hallazgos del grupo de Oxford fueron
publicados en la revista Nature Neuroscience.
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