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La Oportunidad Del Precio Del Petróleo

Autor : Kemal Dervis

 |27|Septiembre|2008

El precio del petróleo ha bajado en las últimas semanas, después de alcanzar un récord a mediados del verano, aunque sigue estando mucho más alto que al comienzo de la década. Con estos precios tan elevados del petróleo y del carbón, hay un incentivo mayor para usar menos combustibles fósiles. Las energías alternativas se han vuelto financieramente más atractivas. Estos desarrollos pueden acarrear reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero y contribuir a mitigar el cambio climático, no obstante todo puede desaparecer si el precio del petróleo baja considerablemente. Tenemos pues que aprovechar la oportunidad de los altos precios del petróleo y del carbón para afianzar los efectos de este incentivo sobre la mitigación del cambio climático. Esto se puede alcanzar si se introduce una base armonizada internacionalmente del costo al usuario de emitir carbono por el uso del petróleo y del carbón. Para implementarla, un grupo de países participantes puede aplicar un impuesto variable al carbono, impuesto que comenzaría a cobrarse cuando y si el precio del petróleo y del carbón baja más allá del límite preestablecido. No se aplicaría ningún costo adicional sobre nadie por encima de los que ya se pagan en la actualidad. Esto guiaría a los consumidores y a los inversores en su conducta y en su asignación de recursos hacia actividades que emitan menos gases de efecto invernadero.

Trataré de ampliar esta idea. Primero se explicará porqué las políticas para reducir las emisiones pueden resultar en un aumento del costo de emitirlas, y porqué es esto eficiente y deseable desde el punto de vista económico y medioambiental. Segundo, se discute el reciente aumento en el precio del petróleo a la luz de los impactos que se estiman que puedan tener las políticas de mitigación del cambio climático sobre el precio del petróleo. En tercer lugar se detalla y justifica la propuesta de una tarifa base aplicada al costo del usuario por emitir carbono al usar petróleo, de $90 el barril, y se concluye con una serie de preguntas y consideraciones que ameritan mayor discusión y reflexión.

Con políticas de mitigación efectivas, es muy probable – y así debería ser – que las emisiones de gas de efecto invernadero se vean encarecidas

Una de las prioridades de las Naciones Unidas, como lo menciona a menudo el Secretario General Ban Ki-moon, es ayudar al mundo a hacer frente al cambio climático de manera eficiente y equitativa. A principios de este año en Bali, y a fines de agosto en Accra, las partes en la Convención Marco sobre el Cambio Climático de la ONU (UNFCC) avanzaron las negociaciones hacia un acuerdo fortalecido y eficaz sobre el cambio climático. Muchos de los detalles están siendo negociados, pero las partes en la UNFCC reconocieron en Bali que será necesario hacer recortes importantes en las emisiones globales de gases de efecto invernadero para poder estabilizar nuestro clima.

Hay varios modos de imponer una reducción de emisiones: en el ámbito nacional, las políticas de obligación y control (estándares tecnológicos, cuotas y otras limitaciones de cantidades) son comúnmente utilizadas para controlar la polución. Los instrumentos basados en los mercados, que se apoyan en permisos intercambiables o en impuestos, son también utilizados aunque en menor grado. Sin embargo, en el contexto de la mitigación del cambio climático, el debate sobre políticas se ha centrado sobre todo en los instrumentos basados en los mercados. En última instancia, la política de mitigación del cambio climático cubrirá probablemente una serie de medidas, pero cualquier resultado eficaz tendrá que producir menos emisiones de gases de efecto invernadero y más caras.

También es de desear que haya un aumento en el costo de emisión. Actualmente las actividades que resultan en emisiones de gases de efecto invernadero se llevan a cabo sin tomar en consideración la destrucción derivada de la habilidad de nuestro planeta de absorber estos gases. A medida que se elimina esa capacidad, la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera aumenta y el clima de nuestro planeta cambia. Estamos imponiendo los costos del cambio climático a las generaciones actuales y futuras, pero todavía nadie los está pagando.

Desde un punto de vista normativo, estos costos sociales por emitir gases de efecto invernadero tienen que ser añadidos a los costos actuales de las actividades económicas que dan origen a esas emisiones. Por lo tanto, hay un acuerdo amplio en la comunidad de políticas que está discutiendo sobre el cambio climático, que el “carbono” y los gases que atrapan el calor equivalentes al carbono tendrían que tener un “precio” que los que los emiten tienen que pagar para que la totalidad del costo social sea tomado en cuenta cabalmente en las diferentes actividades económicas que generan emisiones. Cuando conducimos nuestros coches o usamos el aire acondicionado, el precio que pagamos por la gasolina o la electricidad tendría que reflejar el costo de nuestras emisiones.

Si se le pone un precio al carbono se asegurará que la estructura de los incentivos para las diferentes actividades económicas reflejen el daño que estamos haciendo al planeta cuando emitimos gases de efecto invernadero, lo que hará que las inversiones tengan que adoptar y desarrollar fuentes de energía alternativas sin carbono que sean más convenientes. Cuando cambiamos a la energía eólica o solar, lo que pagamos por comparación a la energía de carburantes fósiles tiene que reflejar el hecho que estas nuevas fuentes de energía alternativa ayudarán a reducir el ritmo del calentamiento global.

En especial, el costo de usar petróleo y otros combustibles fósiles – cuyo uso es responsable de cerca del 65 por ciento del total de las emisiones de gases de efecto invernadero – quizá aumente si existen políticas sólidas de mitigación del tipo que se están discutiendo. Dado que las economías actuales dependen en gran medida del petróleo, el carbón y el gas natural para los transportes y la producción de energía (electricidad, calor), el impacto sobre un posible aumento del costo por usar combustibles fósiles debido a medidas tomadas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero ha sido una fuente de preocupación política y económica.

Sin embargo, el mundo tiene una oportunidad sin precedentes de apaciguar esas inquietudes. El precio del petróleo y del carbón ha aumentado drásticamente desde el año 2000. El precio promedio del barril de petróleo en el 2000 era de unos $35, mientras que en la primera mitad de 2008 alcanzó los $125 (a precios actuales). Últimamente ha descendido un poco y se ha situado alrededor de los $100 (lo que sigue siendo, en términos reales, dos veces y media a tres más alto que en el 2000). Del mismo modo, el precio de la tonelada métrica de carbón pasó de un promedio de $34 en el 2000 a $118 en la primera mitad de 2008 (también a precios actuales). El mundo está pagando hoy por el petróleo y por el carbón mucho más de lo que hubiese pagado incluso si las políticas más ambiciosas en materia de cambio climático hubiesen sido adoptadas.

El aumento en el precio del petróleo y del carbón está siendo un incentivo para alcanzar la reducción en las emisiones que la política relativa al cambio climático quiere alcanzar. Las personas y las empresas se están ajustando a la nueva realidad de los altos precios de los combustibles reduciendo la demanda, excepto en los casos en que los subsidios impiden que los precios domésticos cambien de acuerdo a los precios internacionales. Las fuentes alternativas de energía se están volviendo económicamente más atractivas. Es claro que el aumento en los precios ha sido difícil para muchos países importadores de petróleo, pero hay que recordar que, como se ha dicho, unas políticas eficaces de mitigación para reducir las emisiones con toda seguridad llevarán a un aumento del costo por usar petróleo, situación a la que esos países y la economía mundial se están sólo acostumbrando.

Por lo tanto, existe en la actualidad una oportunidad única de atacar el cambio climático. Hasta ahora no hemos logrado ser lo suficientemente ambiciosos, quizá por la preocupación que causan los aumentos potenciales en el costo del uso del petróleo y del carbón, pero podemos invertir esta tendencia. Podemos usar el aumento del precio del petróleo y de otros combustibles fósiles como una oportunidad para impulsar la política de mitigación del cambio climático. Podemos hacerlo de modo que fije los incentivos para cambiar la conducta e invertir en nuevas tecnologías sin carbono, sin por ello aumentar el costo para nadie más allá de lo que ya estamos pagando.

¿Cuánto tienen que costar las emisiones de gases de efecto invernadero? ¿Cómo se compara con el reciente aumento en el precio del petróleo?

El “precio” óptimo estimado del carbono (es decir, el precio que incluye el costo social marginal asociado con el daño que causa el cambio climático) cubre una amplia gama. En parte refleja la incertidumbre subyacente sobre el alcance y los plazos de los resultados catastróficos a largo plazo que causará el cambio climático. También depende de las suposiciones relativas al crecimiento económico a largo plazo, los progresos técnicos, la medida en la que se valora más el bienestar actual que el del futuro lejano (preferencia de tiempo) y la incidencia geográfica y sobre los diferentes sectores.

Una política verdaderamente ambiciosa de mitigación del cambio climático que se ajuste a las metas de mitigación a largo plazo de la UE y del G8 se ha estimado que requeriría un precio del carbono de entre $150 y $350 por tonelada (a precios de 2008) para el comienzo de la próxima década. Hay que dividir por 3,7 si se habla de dióxido de carbono en vez de carbono. La eficiencia exigiría tener un “precio” mundial para todo el carbono, pero el valor líquido y la viabilidad política requerirán un enfoque diferenciado. Este “precio” irá aumentando lentamente con el paso del tiempo.

Un “precio” explícito del carbono se sumaría al precio actual del petróleo. La quema de un barril de petróleo produce una emisión de un 0,12 de tonelada de carbono, así que si el “precio” del carbono en el entorno de lo que se estima para alcanzar reducciones significativas se adoptase en los primeros años de la década, se sumaría al precio del carbono implícito en el precio del crudo de ese momento.

Como se ha visto, el pecio del crudo y del carbón se disparó desde el año 2000, aumentando más de tres veces en términos reales. Este aumento, por lo tanto, en el precio del petróleo hasta los $120 tiene un efecto similar al del “precio” del carbono de cerca de $700 por tonelada en el año 2000, cuando el precio del petróleo estaba en $35 el barril (siempre a precios de 2008). Si el crudo y sus substitutos fueran la única causa del calentamiento global, el aumento en el precio del petróleo de los últimos años podrían resolver la mayor parte del problema del precio del carbono durante la próxima década por lo menos, suponiendo que los precios se mantengan en los niveles alcanzados en la primera mitad de 2008.

Hay, por supuesto, otras causas del calentamiento global como por ejemplo el metano que emite la agricultura y los cambios en emisiones netas debidas a la deforestación. Un precio elevado del petróleo y del carbón no sólo no es tan eficiente para solucionar el problema del carbono como un precio directo del carbono; lo que es muy importante es que no hay garantías de que las alternativas a los combustibles fósiles que se buscarán no contribuyan también a las emisiones, por ejemplo, el impacto de los biocarburantes en las emisiones de gases de efecto invernadero está siendo estudiado en la actualidad. La captación del carbono y la tecnología de almacenamiento de las plantas energéticas alimentadas con carbón no se sentirán alentadas sólo por el precio alto del carbón: lo que importa en ese contexto es el precio real del carbono mismo. Sin embargo, es claro que el barril de crudo a más o menos $120 con un precio equivalente del carbón y de otros substitutos incluyendo el gas natural, tendrían un efecto a largo plazo sobre las emisiones de carbono en muchos sectores equivalente a un impuesto muy alto sobre el carbono aplicado al precio de $35 el barril de petróleo de hace algunos años. Esto ayudaría a llevar a la economía mundial a un camino de crecimiento bajo en carbono mucho más sostenible.

Cómo aprovechar el precio del petróleo: comprometiéndose a fijar los incentivos para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero por medio de la adopción de una tarifa base aplicada al costo del usuario por el uso del petróleo

El nivel actual del precio del petróleo ofrece a la economía mundial una oportunidad sin precedentes de atacar el cambio climático. El precio del petróleo ha disminuido considerablemente desde el récord alcanzado en julio de este año, pero sigue siendo tres veces más alto – en términos reales – del precio en el 2000. Así que los precios de la energía primaria siguen siendo elevados hoy, lo que significa que podríamos fijar un incentivo substancial del precio del carbono sin aumentar de hecho el costo para nadie más allá de lo que ya están pagando (excepto en los países donde hay enormes subsidios en la energía).

Podríamos fijar este incentivo en el precio simplemente haciendo un compromiso creíble y, por lo tanto, vinculante para introducir una base armonizada internacionalmente del costo del usuario por el uso de carbono. Esta base puede ser apoyada por un impuesto variable al carbono que sea adoptado por los países participantes. Estos impuestos se comenzarían a aplicar si y cuando el precio del petróleo baje de los $90 el barril por ejemplo, y se aplicarían entonces también al carbón.

¿Porqué $90 el barril? Un precio de $90 ya representa un aumento en el costo de alrededor de $450 por tonelada de carbono comparado con el año 2000, que es un “precio” implícito del carbono más alto que el estimado por muchos modelos ambiciosos de mitigación. El precio del petróleo a $90 en el cual comenzarían a aplicarse las medidas refleja una evaluación personal de viabilidad política.

Inicialmente no participarían todos los países, y poner una tarifa base para el costo del carbono a un nivel alto reduciría el ritmo en el que tendría que ser aumentado más tarde. Nótese que no se necesitará un impuesto a menos que el precio del crudo caiga por debajo de los $90. El impuesto será variable de modo de poner una tarifa base al costo del usuario “como si” el costo del petróleo se mantuviese siempre en $90 el barril. El impuesto al carbono iría aumentando entonces lentamente con el paso del tiempo independientemente del precio del petróleo. El promedio de ese aumento sería actualizado cada cinco años en una pequeña cantidad, según la nueva información sobre la tecnología y otros factores. En más o menos una década tendríamos un impuesto “incondicional” al carbono, que es la meta a largo plazo.

Este compromiso político permitiría igualmente una disminución a corto plazo del costo del petróleo y una ayuda para los consumidores y las industrias, pero “fijaría” un costo del carbono que alentaría la reducción en su uso y alentaría aún más las nuevas tecnologías “limpias” como la solar, la eólica y los biocarburantes verdaderamente respetuosos del medio ambiente derivados, por ejemplo de las lignocelulosas, así como la captación del carbono y las tecnologías de almacenamiento. Independientemente de lo que pase con el precio del petróleo, una tarifa de base que aumente constantemente, o más correctamente un costo al usuario sobre el que los inversores puedan basarse y que los consumidores sepan que es permanente, sería un instrumento poderosísimo para ayudar a guiar la economía mundial por un camino de crecimiento sostenible.

Un tópico particularmente importante e interesante para estudios futuros está relacionado con las consecuencias internacionales de la distribución del tipo de política que se propone aquí. Es necesario notar que el hecho de que no todos los países participen inmediatamente no plantea un problema político o comercial importante, ya que el impuesto variable inicial sobre el carbono sería muy reducido. Aumentaría con el tiempo, pero con el tiempo una participación más amplia sería políticamente más viable. Un punto muy importante es que no daría paso al tipo de flujo económico substancial del sector privado hacia los países en desarrollo que se han esperado en el contexto de los programas internacionales de intercambio. Pero hay que comprender que unos precios muy elevados de los combustibles fósiles, de persistir, se convertirán en tarifas que harán que las cuotas no tengan valor y que, por lo tanto, menoscabarán el potencial de esos flujos de recursos: el “impuesto” no será un problema si los precios de la energía son muy altos. Con el paso del tiempo, lo recabado del impuesto creciente sobre el carbono puede ser usado en el desarrollo.

Habría que poner a punto muchos detalles, por supuesto; cómo sería posible extender esta tarifa base aplicada al costo del usuario a otras fuentes de carbono; qué pueden hacer los países con las posibles ganancias; cuántos países podrían participar y cuándo; cómo tratar las diferencias existentes con los impuestos a la gasolina; cómo funcionaría mejor el sistema junto con otros programas sectoriales de intercambio. Habría que afinar los números.

Los precios elevados de la energía primaria de hoy son una oportunidad sin precedentes para introducir la señal de incentivos a los precios durables, lo que revolucionaría la naturaleza de nuestro crecimiento y se haría sin pagar los costos políticos prohibitivos a corto plazo, internos e internacionales, que impedían estas medidas en el pasado. Es una oportunidad que no podemos dejar pasar.

 

 

Crecimiento, desigualdad y desarrollo mundial: ¿Quién queda rezagado?

Autor : Kemal Dervis

 Sabado|11|Octubre|2007

El crecimiento mundial y la distribución de ingresos entre países:

Los países en desarrollo impulsan una rápida expansión mundial de los ingresos y comparten sus beneficios.

En los últimos años la economía mundial ha tenido un desempeño especialmente firme. El ingreso per cápita mundial está creciendo más rápidamente que nunca. Si se tienen en cuenta las proyecciones para 2007 recientemente dadas a conocer, en los últimos cinco años (2003-2007) el producto interno bruto (PIB) mundial per cápita ha aumentado a una tasa media anual del 2,3 %. Este promedio se compara con el 1,2 % del período de 1990 a 2002 y con el 1,4 % del período de 1981 a 1989 . Se trata de tasas de crecimiento mundial sostenidas sin precedentes desde la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial y parte de la década de 1960. Los países en desarrollo desempeñan ahora un papel importante como elementos impulsores del crecimiento mundial. Correspondió a los países de ingresos altos el 85 % del crecimiento acumulativo mundial del PIB entre 1960 y 1973, el 78 % entre 1973 y 2001, aunque sólo el 63 % entre 2001 y 2005. Si el PIB se mide a paridades del poder adquisitivo (PPA), los países en desarrollo son ahora sin lugar a dudas los principales contribuyentes al crecimiento mundial. Otro reflejo del peso cada vez mayor de los países en desarrollo es que, si se mide el PIB mundial en PPA, el crecimiento mundial per cápita fue de aproximadamente un 3 % anual desde comienzos de este siglo . Además, puesto que las economías en desarrollo en rápida expansión son muy grandes, como China y la India, si ponderamos el crecimiento del PIB per cápita por la población, el crecimiento mundial ha sido aún más extraordinario: alcanza valores superiores al 4,5% anual, con el PIB medido en PPA.

La divergencia en medio de la convergencia de algunos países en desarrollo

Los países en desarrollo están impulsando el crecimiento mundial y concentrando en su conjunto una mayor proporción del ingreso mundial. Sin embargo, cabe preguntarse en qué medida han compartido todos los países en desarrollo los beneficios del crecimiento económico mundial. Un grupo de países en desarrollo, que representa una gran proporción de la población mundial, ha estado a la vanguardia del crecimiento mundial. Las economías de estos países están creciendo más rápidamente que las de los países desarrollados. También están comenzando a equipararse con las naciones más ricas en cuanto al desarrollo humano. Millones de sus ciudadanos salen de la pobreza todos los años y la esperanza de vida, la mortalidad infantil y la alfabetización se están aproximando a los niveles de los del primer mundo. Estos países tienen acceso a los mercados mundiales de bienes, capital y tecnología; están comerciando cada vez más entre sí y con países ricos. La proporción del comercio mundial que captan los países en desarrollo, originada principalmente por los que tienen un buen desempeño, ahora es del 37 %, en comparación con el 29 % de 1996 . No obstante, otro grupo de países en desarrollo, mayor en número aunque menor en cuanto a población, está quedando rezagado. Desde la perspectiva económica estos países están hoy más lejos que nunca de los países más ricos. Continúan aumentando las desigualdades entre los países en cuanto a su ingreso promedio, una tendencia que se viene registrando sostenidamente desde hace doscientos años. La relación entre el PIB per cápita medido en PPA de los 10 países más ricos y el de los 10 países más pobres aumentó de aproximadamente 21 en 1960 a 34 en 1990, y volvió a aumentar a 47 en 2001 y a 50 en 2005. Si el PIB se expresa en tipos de cambio de mercado, las relaciones son mucho mayores. En algunos países también se ha registrado una brusca caída en la esperanza de vida, en la mayoría de los casos (si bien no en todos), como consecuencia del VIH/SIDA.

Factores que impulsan una mayor divergencia: Reconocimiento del papel del cambio climático

¿Podrán las fuerzas de la convergencia atraer finalmente a los países en desarrollo que han quedado rezagados? Parte de la respuesta depende de la forma en que la comunidad mundial responda al reto del cambio climático. Tradicionalmente el cambio climático se considera un problema de sostenibilidad ambiental. ¿El crecimiento que se está registrando ahora es a expensas de las oportunidades de generaciones futuras? Esta preocupación es central para la definición del desarrollo sostenible: un desarrollo hoy que no excluya el desarrollo de las generaciones futuras. Sin embargo, además de estas preocupaciones intergeneracionales sobre la distribución de ingresos, se tiene cada vez mayor conciencia de los diferentes efectos que tendrá el cambio climático en diferentes regiones y países. Y se tienen pruebas inequívocas de que los países en desarrollo son los que sufrirán esos efectos antes y en mayor medida, tanto a causa de factores geográficos, como del hecho de que los ingresos bajos dificultan enormemente la adaptación. Lo cierto es que el cambio climático ya está afectando el crecimiento y las perspectivas de desarrollo de algunos países en desarrollo. Si no se aborda el problema del cambio climático, éste imprimirá un impulso de desigualdad al desarrollo mundial. Muchos países que ya tienen dificultades para recibir su parte de los beneficios del crecimiento mundial se enfrentarán con nuevos costos y obstáculos importantes para una mayor prosperidad. Es muy probable que algunas comunidades se enfrenten con un empeoramiento del nivel de vida y de los indicadores de desarrollo humano.

Distribución de ingresos dentro de los países

La desigualdad está creciendo en muchos países desarrollados y en desarrollo

Los patrones de desigualdad dentro de los países constituyen otra dimensión fundamental para comprender la forma que asume la desigualdad de ingresos. Están emergiendo patrones de fuerte divergencia entre ciudadanos de un mismo país. La desigualdad de ingresos no está aumentando en todos los países; no obstante, está creciendo en muchos países tanto desarrollados como en desarrollo. En particular, está creciendo en varios países en desarrollo grandes y de crecimiento rápido, lo que parece indicar que muchas personas quedan rezagadas y no se benefician de ese crecimiento rápido. Aunque los patrones de distribución de ingresos son muy distintos según los países, una característica notable común tanto de los países desarrollados como en desarrollo en que está aumentando la desigualdad es la acumulación de riqueza en los niveles más altos de la distribución de ingresos, el 1% o incluso el 0,1%. Aún no se ha podido establecer si el extraordinario crecimiento de la proporción de la riqueza que se concentra en los niveles más altos es una característica de unos pocos países o si se trata de una tendencia más general. Los factores que impulsan la distribución de ingresos son complejos y difieren significativamente entre países. Sin embargo, la importancia creciente del ingreso (en algunos casos principalmente de los salarios) en los niveles más altos es coherente con los fenómenos de las “superestrellas” y el “ganador se lleva todo”, que se manifiestan en remuneraciones cada vez mayores de ejecutivos, estrellas del cine y el deporte, y financieros.

La desigualdad dentro de un país afecta el crecimiento…

¿Es importante la desigualdad? Hay algunos inicios de que lo es, pues los indicadores de bienestar y satisfacción de vida presentados por los propios interesados guardan una correlación inversa con el crecimiento de la desigualdad. A su vez, este malestar respecto de la evolución de la distribución de ingresos guarda una correlación con la profundización de la integración y la apertura de los mercados que impulsa el crecimiento mundial. Si bien correlación no significa causalidad, decididamente afecta la percepción. En consecuencia, es posible que los procesos de integración y apertura de los mercados, que han sido decisivos para acelerar el crecimiento mundial, sigan recibiendo apoyo político y popular, tanto en países desarrollados como en desarrollo. ¿Qué efecto tiene la desigualdad sobre el crecimiento y el desempeño económico? En principio, cierto nivel de desigualdad podría beneficiar el crecimiento, por medio tanto de incentivos que premien el talento y el trabajo arduo, como de la acumulación de ingresos que estimulen las inversiones. Por otro lado, es posible que un nivel elevado de desigualdad aleje a las personas de la actividad económica productiva si está vinculada con la discriminación o la perpetuación de privilegios. Por lo tanto, se trata de una cuestión empírica. Las pruebas parecen indicar dos cosas. En primer lugar, que niveles muy elevados de desigualdad son perjudiciales para el crecimiento, pues desalientan el establecimiento de instituciones políticas y económicas propicias para el crecimiento y las inversiones, y agravan la alienación, lo cual incrementa las amenazas a la estabilidad política y social. En segundo lugar, la experiencia indica que la interacción de la desigualdad con mercados subdesarrollados e instituciones débiles, característicos de muchos países en desarrollo, también puede obstaculizar el crecimiento .

…y afecta el desarrollo

La desigualdad creciente, y el consiguiente freno del crecimiento, causa una reducción de la elasticidad de la pobreza en función del crecimiento, es decir, la velocidad con que el crecimiento se traduce en reducción de la pobreza. En general, los países con mayores niveles de desigualdad deben crecer más rápidamente o tardan mucho más para alcanzar el mismo nivel de reducción de la pobreza que países con niveles de desigualdad menores. Hay pruebas de una disminución drástica del crecimiento favorable a los pobres: desde 1990 los países de ingresos medianos bajos deben tener un crecimiento aproximadamente tres veces mayor para alcanzar la misma tasa de reducción de la pobreza que se observaba antes de 1990. Desde hace algún tiempo, el crecimiento no inclusivo también genera menos empleo que antes. Aunque en algunos países en desarrollo esto obedece a mejoras en la productividad (el incremento de la producción puede ser el resultado de una mejor utilización del trabajo, un aumento de lo que produce cada trabajador, o una combinación de ambos factores), en muchos países en desarrollo esto se refleja en menos oportunidades de empleo decente. Esto es especialmente preocupante en el caso del empleo juvenil, pues las tasas de desempleo entre los jóvenes son muy superiores a las de la población en general, y el empleo tiene una elasticidad aún menor.

La necesidad imperiosa de abordar los factores que impulsan la divergencia

La economía del mundo está creciendo rápidamente. Si bien muchos países en desarrollo se han beneficiado de este aumento del ingreso mundial, otros países quedan rezagados. El problema del cambio climático se sumará a los factores que impulsan la divergencia de los ingresos. Deberá formar parte del debate, no sólo como una cuestión ambiental o intergeneracional, sino también como una cuestión fundamental del desarrollo. Dentro de los países, incluso los que crecen rápidamente, no todos se benefician del incremento de los ingresos. Estas divergencias entre distintos países y dentro de un mismo país pueden imponer restricciones económicas y políticas al crecimiento de largo plazo y a una mayor integración de la economía mundial. Es muy dudoso que el proceso de globalización e integración de los mercados que, junto con las nuevas tecnologías, ha sido la causa del crecimiento acelerado de la economía mundial, pueda mantenerse sin un esfuerzo concertado para superar la divergencia y la desigualdad.

 
 
Historia del Cine Dominicano        
Lunes|01|Septiembre|2008 -  Fuente: Dinac.-
 
Historia del Cine Dominicano        

 

El cine aparece en República Dominicana en agosto de 1900 en la ciudad de Puerto Plata, siendo el teatro de Curiel de esta ciudad el primer espacio de exhibición  del cinematógrafo de los hermanos Lumiére. La persona a cargo de las primeras exposiciones de esos trabajos en toda el área, fue el industrial Francesco Grecco que realizó varios viajes a través del Caribe mostrando esta atractiva invención.

En la prehistoria fílmica del cine dominicano se destacan los trabajos del fotógrafo y editor Francisco Palau, que en 1922 al lado del fotógrafo Tuto Báez y Juan B. Alfonseca hace la primera película de ficción del cine dominicano: "La leyenda de
la Virgen de la Altagracia", con la colaboración en los textos del historiador Bernardo Pichardo. Palau la estreno en la noche del 16 de febrero de 1923, y  se convirtió en la primera película dominicana.

El entusiasmo de este equipo motivo más adelante la realización de una comedia con tintes ingenuos con el título de "Las emboscadas de Cupido" (1924). Esta película, contada en cinco actos, narró la historia de un par de enamorados que no tenían el consentimiento del padre de la novia, y obliga al novio a realizar una divertida trama para que el padre pueda aceptarlo. Fue exhibida  al público el 19 de marzo de 1924. 
En 1915 el camarógrafo puertorriqueño Rafael Colorado, hizo la primera película hecha en la República Dominicana, por un extranjero, titulada "Excursión de José de Diego en Santo Domingo".
El primer uso del sonido fue una película de actualidades sobre la inauguración de presidente Rafael Leonidas Trujillo en 1930. Este régimen dictatorial instalado por Trujillo desde el año 1930 impone un freno total a las manifestaciones artísticas y culturales, estimulando solamente aquello qué entiende beneficioso para sus propósitos. El cine, que además de arte es una industria, había sido adoptado por los medios de comunicación masivos en un instrumento ideológico. Por esa razón, en los treinta largos años de la tiranía se realizaron solamente  trabajos documentales del país con la exaltación del tirano y sus parientes.
Solamente en 1953, el cineasta Rafael Augusto Sánchez Sanlley (Pupito), produjo con la compañía "Cine Dominicano", trece documentales para el régimen.  Y no es hasta 1963, que el dramaturgo Franklin Domínguez lanzó su Largo metraje "
La Silla", donde denuncia los horrores del régimen de Trujillo. En 1967 Max Pou y Eduardo Palmer hacen dos trabajos documentales: "El Esfuerzo de un pueblo y  ”Nuestra historia".

Otros trabajos importantes son "Viacrusis", basado en un cuento del profesor Juan Bosch y "Siete días con el pueblo", sobre el festival revolucionario de cantantes. También, "Rumbo al poder", de Jose Bujosa Mieses sobre el proceso electoral que llevó al poder a  Antonio Guzmán Fernández y los largometrajes documentales del cineasta René Fortunato, “El poder del jefe”, “Abril, la trinchera del honor”, “La herencia del tirano” y “La violencia del poder”.

Entre los largometrajes de ficción que se han realizado en el país se cuentan:  "Un pasaje de ida" (1988), "Nueba Yol"(1995), "Para vivir o morir" (1996), " Cuatro hombres y un ataúd"(1997), "Nueba Yol 3", "Perico ripiao"(2003), "Éxito por intercambio" (2003, "Negocios son negocios" (2004), "Andrea"(2005) “La cárcel de La Victoria "(2004)  "Los locos también piensan" (2005) "la maldición del padre Cardona" (2005). Para el 2006 son estrenados los filmes “Un macho de mujer”, “Lilis”, “Código 666: la tragedia Llenas”, “Viajeros” y “El sistema”.

En el 2007 en cine dominicano continúa su curso con varios proyectos cinematográficos como “Sanky Panky”, “Yuniol”, “Enigma”, “Mi novia está de madre”, “Trópico de sangre”, “Crimen” y “La muñeca de Diana”, entre otros proyectos que revitalizarán la industria.

 

Hacia una plataforma industrial

Desde el 2003, la República Dominicana se encuentra en un verdadero “boom” de producciones locales. El promedio de los últimos dos años ha sido de cinco películas anuales, y gracias al perfeccionamiento del nivel técnico local, este número se irá incrementando con los años.

A esto se le une las producciones extranjeras que han seleccionado las locaciones de nuestro país como escenarios para rodar sus historias. Entre las más recientes se encuentran:

“The Lost City” (USA), “Papá se volvió loco” (Argentina), “El vacilón: The Movie” (USA), “Miracle Banana” (Japón), “Vers le sud” (Francia), “La fiesta del chivo” (España), “Miami Vice” (USA), “Yes”(UK), “Loverecked”(USA), “Soko Leipzip” (Alemania) “El batey” (Italia) “Paradise Lost” (USA) y “The Good Shepherd” (USA).

Todo esto ha asentado una plataforma de producción con un nivel de calidad para la competencia internacional que República Dominicana le puede ofrecer al momento de decidirse a utilizar nuestros paisajes y personal técnico.

En estos momentos, el país puede ofrecer un soporte técnico de primera calidad en cuanto a personal, equipos, transporte y demás necesidades de producción y así lo han expresado los distintos productores y directores que han rodado parte o la totalidad de sus películas en terreno dominicano. Esto nos hace ser una buena opción dentro del área del Caribe.

 
 

Células oculares podrían tener clave para mejor píldora sueño

LONDRES (publicado por Reuters) - La somnolencia puede ser controlada por una serie de células nerviosas en el ojo, sugieren pruebas en ratones, ofreciendo un nuevo objetivo para quienes desarrollan medicamentos, que podría conducir a mejores píldoras para dormir, dijeron el domingo científicos británicos.

Desde hace tiempo se sabe que los niveles de la luz afectan el estado de alerta, por lo cual las habitaciones poco iluminadas hacen que la gente se sienta somnolienta. Pero el mecanismo biológico para que esto suceda no ha sido claro.

Ahora, investigadores de la Universidad de Oxford descubrieron que las llamadas células ganglionares de la retina juegan un rol clave. En ratones, en donde estas células son desactivadas genéticamente, los efectos de la luz sobre el sueño y el estado de alerta desaparecen completamente.

"Hemos descubierto un nuevo camino que modula el sueño y el despertar," contó el investigador jefe, Russell Foster, del Laboratorio de Oftalmología Nuffield.

"Si podemos imitar farmacológicamente el efecto de la luz, podríamos activar y desactivar el sueño," agregó.

Se desarrollaron muchos medicamentos para modificar los ciclos de sueño y vigilia, creando un mercado de píldoras para dormir de millones de dólares al año. Pero la acción de los actuales fármacos es relativamente rudimentaria, y tienen efectos secundarios.

Al apuntar al mecanismo específico que controla la acción de las células ganglionares retinales, en el futuro sería posible desarrollar tratamientos mucho más sofisticados.

Los investigadores pudieron rastrear las vías del sueño hasta el cerebro, mostrando que dos centros inductores del sueño allí eran directamente activados por las células.

Sin embargo, la investigación todavía está en una etapa prematura y los científicos aún deben establecer si los mismos procesos que afectan al ratón funcionarán en los seres humanos. 

Debido a que los ratones son nocturnos, los efectos vistos en las pruebas animales fueron los contrarios a aquellos que se esperarían en seres humanos.

Los ratones normalmente duermen cuando hay luz y se despiertan en la oscuridad, pero aquellos ratones a los que se les desactivaron las células sensibles a la luz permanecieron despiertos cuando las luces estaban encendidas.

Los hallazgos del grupo de Oxford fueron publicados en la revista Nature Neuroscience.

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